AUTOR

Micaela Paola Bellacci

Ing. Química, Esp. en Nutrición Animal

Monograficos Nutrinews

INTEGRIDAD INTESTINAL DE LOS LECHONES MEDIADA A TRAVÉS DE LA INCLUSIÓN DE FIBRA EN LA DIETA

El mantenimiento de la salud intestinal es complejo y tiene sus bases en un delicado balance entre la clase de dieta, la flora comensal intestinal y la mucosa, que incluye el epitelio digestivo y la capa de mucus que lo recubre.

Interponiéndose en este equilibrio, se encuentran los microorganismos del tracto gastrointestinal -TGI- potencialmente patógenos, que con su proliferación y su actividad metabólica pueden perturbar la función digestiva, conduciendo a tasas de crecimiento pobres, diarrea e incluso la muerte.

El TGI no solo permite la digestión y la absorción de nutrientes, sino que también actúa como una barrera para bacterias patógenas, toxinas y alergenos, que de otra forma podrían alcanzar órganos sistémicos y tejidos.

El epitelio de un lechón de 3 semanas de edad se renueva completamente en un periodo de 2 a 4 días (Moon, 1971). Durante periodos de estrés como el destete, los nutrientes requeridos para esta renovación son críticamente importantes.

Las infecciones entéricas son comunes en lechones y otros animales de temprana edad (Montagne et al., 2003) debido a una rápida colonización del TGI por E. coli enterotoxigénica, Salmonella, Campylobacter, Clostridium perfinges, Cryptosporidium o ciertos virus (Figura 1).

En esta etapa, el nivel de consumo es determinante para desarrollar el sistema gastrointestinal y aumentar su capacidad de digestión y absorción, como también su funcionalidad como barrera, existiendo menor daño intestinal cuando el consumo de alimento es suficientemente alto (Bishop et al., 1992; Verdonk et al., 2007).

 

Figura 1. Modificaciones en la funcionalidad y el perfil microbiano intestinales durante los primeros días post-destete.

La flora intestinal en los lechones cumple las siguientes funciones:

1. Producción de vitaminas del grupo B y vitamina C;

2. Degradación de los componentes de los alimentos no digeridos en otras partes del TGI, generando ácidos grasos de cadena corta -AGCC- o ácidos grasos volátiles -AGV-, los cuales son posteriormente absorbidos y participan en varias rutas metabólicas del animal;

3. Mantenimiento de la integridad del epitelio intestinal;

4. Estimulación de la respuesta inmunitaria;

5. Protección frente a microorganismos enteropatógenos;

6. Incremento en la absorción de minerales, sobre todo del calcio, relevante para el correcto desarrollo y el normal crecimiento de los huesos;

7. Cubrimiento físico de sectores de la mucosa intestinal que pudieran ser ocupados mediante colonización de bacterias patógenas (“puntos de adhesión”).

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